DRA. ALEJANDRINA REYES
CANTORA - DOCENTE - SOCIÓLOGA
INVESTIGADORA - ESCRITORA
AÚN ESTAMOS A TIEMPO
Antes, si sentías un temblor -un pulso de tierra que despierta- seguro, seguro era la flecha de Cupido, dardo de fuego, que te apuntó y de manera certera, como el vuelo de un colibrí, llegó a tu corazón.
Antes, si veías el color rojo en el cielo, en ese pedazo de cielo, en esa nube -lienzo de ceniza- se convertía en la sangre vuelta metáfora, tinta herida, que fluye de un poeta como río de raíces para escribir sobre la vida, las luchas y la victoria.
Antes, si una sola vida era salvada, esto constituía lo más importante frente a cualquier catástrofe, se convertía en la celebración colectiva, en un coro de latidos vivientes que vencía al silencio.
Antes, la mirada de un niño sonriente, aún con la noticia de que su madre ya no estará jamás a su lado, se convertía en una esperanza -farol encendido en la ruina- y todos nos volvíamos su madre, su padre, su abrigo que cobija la memoria, y ahora debemos seguir acurrucándolo con el "cántico para dormir un niño sin cuna" de nuestro querido Victor Julio González.
Antes, cuando escuchamos tantas veces en nuestros hogares "tranquilo, estamos vivos y lo material se recupera", era el escudo -coraza de palabras- frente a la guerra, la desesperanza y la tristeza.
Antes, frente a otras tragedias, cuando nos decían "No hay nada que hacer, todos están tapiados y perdieron la vida", nos cubríamos las lágrimas, y en silencio atendíamos a los vivos, y hacíamos misas improvisadas en los terrenos baldíos vueltos campo santo, con cruces de la nada y rezos entre el barro.
¿Qué pasa ahora?
Ahora, un mundo virtual no tan virtual,vuelto telaraña de píxeles, pretende intoxicarnos de muerte, de desesperanza, en una carrera digital -donde un estruendoso público posee la fiebre de pantallas- frente a la vida real.
Si no se "viraliza" por las redes un rescate, no existe; si una información falsa se repite mil veces, es cierta; un opinador de oficio, desde la comodidad de su silla en el exterior, vale más que un motorizado que lleva alimentos, pero que nadie lo ve en las redes - caballos de asfalto sin aplausos.
Para algunos no importa cuántas personas han sacado de los escombros -montañas de hormigón y lágrimas-, cuántas madres, cuántos padres lograron salvar a sus hijos poniendo sus cuerpos como barrera, como escudos frente a la muerte, como muros de carne y coraje.
Cuántos bomberos, personal de defensa civil, militares, policías, enfermeras, médicos, albañiles, motorizados, estudiantes, hombres y mujeres del pueblo arriesgan su vida por intentar salvar a esos héroes y heroínas que están luchando allí bajo los escombros, rogando que los encuentren, como semillas que piden luz.
Mucha gente prefiere hacer apología de la muerte -culto a las sombras- desde sus cómodos asientos frente a las pantallas, desde fuera y desde adentro.
Gritan: ¿dónde estaban las autoridades?, cuando sucedieron esos dos golpes certeros de 7.2 y 7.5, dos puñetazos de tierra que hicieron temblar el cimiento del mundo.
Pues déjenme decirles que muchos de ellos estaban bajo los escombros, heridos, muertos o desaparecidos.
Ningún país está preparado para algo así.
Es como pedirle al mar que no tenga oleaje.
La realidad real se impuso sobre la virtual: cientos de personas se organizaron y movilizaron de inmediato, mostrando que no son imposturas sus acciones, sino que eso es ser parte de la identidad venezolana: barro y sol, manos que sudan dignidad y dan la vida por los otros.
Miles se pusieron a preparar alimentos, dando de comer al hambriento, llevando agua al sediento, y brindando abrigo al que no tiene donde resguardarse, dignos hijos e hijas del maestro Simón Rodríguez -sembrador de utopías sembrador de toparquías-, muchos siguen exponiendo sus vidas para ayudar y realizar los rescates, dando ejemplo al mundo entero.
Muchas personas que no podían trasladarse a los epicentros de la catástrofe hicieron un alto y abrieron su corazón a la solidaridad, abrieron compuertas de generosidad, buscaron en sus casas qué podían compartir con el que lo necesita, qué poner a disposición para la ayuda.
Es un momento también de acción y reflexión colectiva.
Aquellos que hasta ahora no habían podido hablarle a un hermano, a sus padres, a un amigo, visitarles, brindarles su apoyo, es momento que lo hagan de corazón, es momento que se planteen como interrogante:
¿Por qué, si aún tengo viva a esa persona, no la llamo, no la visito a menudo, o voy y le doy un abrazo, le recuerdo que somos vida y digo te quiero, le pregunto qué necesitas? ¿Por qué se tiene que esperar que pase un desastre o una catástrofe para hacerlo? Ya luego no habrá tiempo de hacerlo.
Aún estamos a tiempo.
AHORA es ahora, de dejar a un lado un poco esas pantallas -vitrinas de humo- vitrina carente de la que se puede decir con un silencio, con una mirada de esperanza, con una intuición, las máquinas no tienen historias vivas a menos que todas estén subidas a esa gran autopista del ciber espacio, pero todas las estructuras reales o virtuales pueden desplomarse por un certera conmoción de 7.2 o 7.5 y sus respectivas réplicas.
Lo que no podrá jamás desplomarse son los abrazos, las querencias, los relatos, las historias de vida no contadas, pero vividas.
A desempolvar los brazos, a mirar a los ojos a las madres, al padre, ofrecerles esa disculpa o pedirle ese perdón que nunca le dijiste.
De hacerle esa visita postergada, esa deuda de piel y presencia.
Es tiempo de agradecer a Dios, a la vida, a nuestros padres, a la familia a nuestros ancestros por traernos al mundo.
Por agradecer lo que tenemos y no quejarnos tanto.
Por saber que todo se puede perder en segundos, como un suspiro en el viento.
Sólo una bendición de una madre, de un padre, de un tío, de una madrina o padrino protege, nos protege contra toda adversidad -agua de raíz que sostiene.
Hoy busquemos a ese ser, en procura de esa bendición que aún podemos escuchar, viéndole a los ojos, abrazando a los que queremos y aún están vivos.
Aún estamos a tiempo de celebrar la vida, pero con ellos, con sus manos, sus voces, sus respiros, sus historias que son las nuestras mientras la tierra aún nos sostiene.
AUTORA: ALEJANDRINA REYES.
AÑO 2026
CÁNTICO PARA DORMIR
A UN NIÑO SIN CUNA
Cántico para dormir a un niño sin cuna, canción social del cantautor venezolano Víctor Julio González 1989
LINK AL CÁNTICO PARA DORMIR A UN NIÑO SIN CUNA CÁNTICO PARA DORMIR A UN NIÑO SIN CUNA, CANCIÓN SOCIAL DEL CANTAUTOR VENEZOLANO VÍCTOR JULIO GONZÁLEZ 1989
https://youtu.be/N54LZZvr_8E?




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